La Celestina
La Celestina rradas dize! [47]
SEMPRONIO.- ¿Escociote? Lee los ystoriales,
estudia los filósofos, mira los poetas. Llenos
están los libros de sus viles e malos exemplos e
de las caydas que leuaron los que en algo, como
tú, las reputaron. Oye a Salomón do dize que
las mugeres e el vino hazen a los hombres re-
negar. Conséjate con Séneca e verás en qué las
tiene. Escucha al Aristóteles, mira a Bernardo.
Gentiles, judíos, cristianos e moros, todos en
esta concordia están. Pero lo dicho e lo que de-
llas [48] dixere no te contezca error de tomarlo
en común. Que muchas houo e ay sanctas e
virtuosas e notables, cuya resplandesciente co-
rona quita el general vituperio. Perodestas
otras, ¿quién te contaría sus mentiras, sus tráfa-
gos, sus cambios, su liuiandad, sus lagrimillas,
sus alteraciones, sus osadías? Que todo lo que
piensan, osan sin deliberar. ¿Sus disimulacio-
nes, su [49] lengua, su engaño, su oluido, su
desamor, su ingratitud, su inconstancia, su tes-
timoniar, su negar, su reboluer, su presunción,
su vanagloria, su abatimiento, su locura, su
desdén, su soberuia, su subjeción, su parlería,
su golosina, su luxuria e suziedad, su miedo, su
atreuemiento, sus hechizerías, sus embaymien-
tos, sus escarnios, su deslenguamiento, su des-