La Celestina
La Celestina vergüença, su alcahuetería? Considera, ¡qué
sesito está debaxo de aquellas grandes e delga-
das tocas! ¡Qué pensamientos so aquellas gor-
gueras, so aquel fausto, so aquellas largas e
autorizantes ropas! ¡Qué imperfición, qué alua-
ñares debaxo de templos pintados! Por ellas es
dicho: arma del diablo, [50] cabeça de pecado,
destruyción de parayso. ¿No has rezado en la
festiuidad de Sant Juan, do dize: Las mugeres e
el vino hazen los hombres renegar; do dize:
Esta es la muger, antigua malicia que a Adán
echó de los deleytes de parayso; esta el linaje
humano metió en el infierno; a esta menospre-
ció Helías propheta &c.?
CALISTO.- Di pues, esse Adán, esse Salomón,
esse Dauid, esse Aristóteles, esse Vergilio, essos
que [51] dizes, ¿cómo se sometieron a ellas?
¿Soy mas que ellos?
SEMPRONIO.- A los que las vencieron que-
rría que remedasses, que no a los que dellas
fueron vencidos. Huye de sus engaños. ¿Sabes
que facen? Cosa, que es difícil entenderlas. No
tienen modo, no razón, no intención. Por rigor
comiençan el ofrescimiento, que de sí quieren
hazer. A los que meten por los agujeros denues-
tan en la calle. Combidan, despiden, llaman,
niegan, señalan amor, pronuncian enemiga,