La Celestina
La Celestina buena gana, assí se holgó, quando vido los de
las hachas, como lobo, quando siente poluo de
ganado, pensando poder quitárleslas, hasta que
vido que eran muchos.
CALISTO.- No te marauilles, que procede de
su natural ser osado e, avnque no fuesse por
mí, hazíalo porque no pueden los tales venir
contra su vso, que avnque muda el pelo la ra-
posa, su natural no despoja. Por cierto yo dixe a
mi señora Melibea lo que en vosotros ay e quán
seguras tenía mis espaldas con vuestra ayuda e
guarda. Fijos, en mucho cargo vos soy. Rogad
[101] a Dios por salud, que yo os galardonaré
más conplidamente vuestro buen seruicio. Yd
con Dios a reposar.
PÁRMENO.- ¿Adonde yremos, Sempronio?
¿A la cama a dormir o a la cozina a almorzar?
SEMPRONIO.- Ve tú donde quisieres; que,
antes que venga el día, quiero yo yr a Celestina
a cobrar mi parte de la cadena. Que es vna puta
vieja. No le quiero dar tienpo en que fabrique
alguna ruyndad con que nos escluya.
PÁRMENO.- Bien dizes. Oluidado lo auía.
Vamos entramos e, si en esso se pone, espan-
témosla de manera que le pese. Que sobre dine-
ro no ay amistad.
SEMPRONIO.- ¡Ce!, ¡ce! Calla, que duerme