La Celestina
La Celestina cabo esta ventanilla. Tha, tha, señora Celestina,
ábrenos.
CELESTINA.- ¿Quién llama?
SEMPRONIO.- Abre, que son tus hijos.
CELESTINA.- No tengo yo hijos, que anden a
tal hora.
SEMPRONIO.- Ábrenos a Pármeno e Sem-
pronio, que nos venimos acá almorzar contigo.
CELESTINA.- ¡O locos trauiesos! Entrad, en-
trad. [102] ¿Cómo venís a tal hora, que ya ama-
nesce? ¿Qué haués hecho? ¿Qué os ha passado?
¿Despidiose la esperança de Calisto o viue to-
davía con ella o cómo queda?
SEMPRONIO.- ¿Cómo, madre? Si por noso-
tros no fuera, ya andouiera su alma buscando
posada para siempre. Que, si estimarse pudies-
se a lo que de allí nos queda obligado, no sería
su hazienda bastante a complir la debda, si
verdad es lo que dizen, que la vida e persona es
más digna e de más valor que otra cosa ningu-
na.
CELESTINA.- ¡Jesú! ¿Que en tanta afrenta os
haués visto? Cuéntamelo, por Dios.
SEMPRONIO.- Mira qué tanta, que por mi
vida la sangre me hierue en el cuerpo en tornar-
lo a pensar.
CELESTINA.- Reposa, por Dios, e dímelo.