La Celestina
La Celestina PÁRMENO.- Cosa larga le pides, según ve-
nimos alterados e cansados del enojo, que
hauemos hauido. Farías mejor aparejarnos a él
e a mí de almorzar: quiçá nos amansaría algo la
alteración que traemos. Que cierto te digo que
no quería ya topar hombre, que paz quisiesse.
Mi gloria sería agora hallar en quien vengar la
yra, que no pude en los que nos la causaron,
por su mucho huyr. [103]
CELESTINA.- ¡Landre me mate, si no me es-
panto en verte tan fiero! Creo que burlas. Díme-
lo agora, Sempronio, tú, por mi vida: ¿qué os ha
passado?
SEMPRONIO.- Por Dios, sin seso vengo, des-
esperado; avnque para contigo por demás es no
templar la yra e todo enojo e mostrar otro sem-
blante, que con los hombres. Jamás me mostré
poder mucho con los que poco pueden. Traygo,
señora, todas las armas despedaçadas, el bro-
quel sin aro, la espada como sierra, el caxquete
abollado en la capilla. Que no tengo con que
salir vn passo con mi amo, quando menester
me aya. Que quedó concertado de yr esta no-
che, que viene, a uerse por el huerto. ¿Pues
comprarlo de nueuo? No mando vn marauedí
en que caya muerto.
CELESTINA.- Pídelo, hijo, a tu amo, pues en