La Celestina
La Celestina su seruicio se gastó e quebró. Pues sabes que es
persona, que luego lo complirá. Que no es de
los que dizen: Viue comigo e busca quien te
mantenga. Él es tan franco, que te dará para
esso e para más.
SEMPRONIO.- ¡Ha! Trae también Pármeno
perdidas las suyas. A este cuento en armas se le
yrá [104] su hazienda. ¿Cómo quieres que le sea
tan importuno en pedirle más de lo que él de su
propio grado haze, pues es arto? No digan por
mà que dando vn palmo pido quatro. Dionos
las cient monedas, dionos después la cadena. A
tres tales aguijones no terná cera en el oydo.
Caro le costarÃa este negocio. Contentémonos
con lo razonable, no lo perdamos todo por que-
rer más de la razón, que quien mucho abarca,
poco suele apretar.
CELESTINA.- ¡Gracioso es el asno! Por mi ve-
jez que, si sobre comer fuera, que dixera que
hauÃamos todos cargado demasiado. ¿Estás en
tu seso, Sempronio? ¿Qué tiene que hazer tu
galardón con mi salario, tu soldada con mis
mercedes? ¿Só yo obligada a soldar vuestras
armas, a complir vuestras faltas? A osadas, que
me maten, si no te has asido a vna palabrilla,
que te dixe el otro dÃa, viniendo por la calle,
que quanto yo tenÃa era tuyo e que, en quanto