La Celestina
La Celestina turbas.
SOSIA.- Nuestros compañeros, nuestros her-
manos...
TRISTÁN.- O tú estás borracho o has perdido
el seso o traes alguna mala nueua. ¿No me di-
rás qué es esto, que dizes, destos moços?
SOSIA.- Que quedan degollados en la plaça.
TRISTÁN.- ¡O mala fortuna la nuestra, si es
verdad! ¿Vístelos cierto o habláronte?
SOSIA.- Ya sin sentido yuan; pero el uno con har-
ta difficultad, como me sintió que con lloro le mi-
raua, hincó los ojos en mí, alçando las manos al cie-
lo, quasi dando gracias a Dios e como preguntándo-
me qué sentía de su morir. Y en señal de triste des-
pedida abaxó su cabeça con lágrimas en los ojos,
dando bien a entender que no me auía de ver más
hasta el día del gran juyzio.
TRISTÁN.- No sentiste bien; que sería preguntar-
te si estaua presente Calisto. E pues tan claras [117]
señas traes deste cruel dolor, vamos presto con las
tristes nueuas a nuestro amo.
SOSIA.- ¡Señor!, ¡señor!
CALISTO.- ¿Qué es esso, locos? ¿No os man-