La Celestina
La Celestina dé que no me recordásedes?
SOSIA.- Recuerda e leuanta, que si tú no bue-
lues por los tuyos, de cayda vamos. Sempronio
e Pármeno quedan descabeçados en la plaça,
como públicos malhechores, con pregones que
manifestauan su delito.
CALISTO.- ¡O válasme Dios! ¿E qué es esto
que me dizes? No sé si te crea tan acelerada e
triste nueua. ¿Vístelos tú?
SOSIA.- Yo los vi.
CALISTO.- Cata, mira qué dizes, que esta no-
che han estado comigo.
SOSIA.- Pues madrugaron a morir.
CALISTO.- ¡O mis leales criados! ¡O mis
grandes seruidores! ¡O mis fieles secretarios e
consejeros! ¿Puede ser tal cosa verdad? ¡O
amenguado Calisto! Desonrrado quedas para
toda tu vida. ¿Qué será de ti, muertos tal par de
criados? Dime, por Dios, Sosia, ¿qué fue la [118]
causa? ¿Qué dezía el pregón? ¿Donde los toma-
ron? ¿Qué justicia lo hizo?
SOSIA.- Señor, la causa de su muerte publi-
caua el cruel verdugo a vozes, diziendo: Manda
la justicia que mueran los violentos matadores.
CALISTO.- ¿A quién mataron tan presto?
¿Qué puede ser esto? No ha quatro horas que
de mí se despidieron. ¿Cómo se llamaua el