La Celestina
La Celestina muerto?
SOSIA.- Señor, vna muger, que se llamaua Ce-
lestina.
CALISTO.- ¿Qué me dizes?
SOSIA.- Esto que oyes.
CALISTO.- Pues si esso es verdad, mátame tú
a mí, yo te perdono: que más mal ay, que viste
ni puedes pensar, si Celestina, la de la cuchilla-
da, es la muerta.
SOSIA.- Ella mesma es. De más de treynta es-
tocadas la vi llagada, tendida en su casa, llo-
rándola vna su criada.
CALISTO.- ¡O tristes moços! ¿Cómo yuan?
¿Viéronte? ¿Habláronte?
SOSIA.- ¡O señor!, que, si los vieras, quebra-
ras el coraçón de dolor. El vno lleuaua todos los
sesos de la cabeça de fuera, sin ningún sentido;
el otro quebrados entramos braços e la cara
[119] magullada. Todos llenos de sangre. Que
saltaron de vnas ventanas muy altas por huyr
del aguazil. E assí casi muertos les cortaron las
cabeças, que creo que ya no sintieron nada.
CALISTO.- Pues yo bien siento mi honrra.
Pluguiera a Dios que fuera yo ellos e perdiera
la vida e no la honrra, e no la esperança de con-
seguir mi començado propósito, que es lo que
más en este caso desastrado siento. ¡O mi triste