La Celestina
La Celestina noturnos e sin le conocer le han acometido, el qual
por se defender los offendió o es dellos offendido? ¿O
si por caso los ladradores perros con sus crueles
dientes, que ninguna differencia saben hazer ni aca-
tamiento de personas, le ayan mordido? ¿O si ha
caydo en alguna callada o hoyo, donde algún daño le
viniesse? ¡Mas, o mezquina de mí! ¿Qué son estos
inconuenientes, que el concebido amor me pone de-
lante e los atribulados ymaginamientos [125] me
acarrean? No plega a Dios que ninguna destas cosas
sea, antes esté quanto le plazerá sin verme. Mas
escucha, que passos suenan en la calle e avn
parece que hablan destotra parte del huerto.
SOSIA.- Arrima essa escalera, Tristán, que es-
te es el mejor lugar, avnque alto.
TRISTÁN.- Sube, señor. Yo yré contigo, por-
que no sábemos quién está dentro. Hablando
están.
CALISTO.- Quedaos, locos, que yo entraré so-
lo, que a mi señora oygo.
MELIBEA.- Es tu sierua, es tu catiua, es la que
más tu vida que la suya estima. ¡O mi señor!,
no saltes de tan alto, que me moriré en verlo;
baxa, baxa poco a poco por el escala; no vengas
con tanta pressura.