La Celestina
La Celestina como quien cosa impossible oye. No ha ocho días que
los vide biuos e ya podemos dezir: perdónelos Dios.
Cuéntame, amiga mía, cómo es acaescido tan cruel e
desastrado caso.
ELICIA.- Tú lo sabrás. Ya oyste dezir, hermana,
los amores de Calisto e la loca de Melibea. Bien verí-
as cómo Celestina auía tomado el cargo, por inter-
cessión de Sempronio, de ser medianera, pagándole
su trabajo. La qual puso tanta diligencia e solicitud, que a la segunda açadonada sacó agua. Pues, como
Calisto tan presto vido buen concierto en cosa que
jamás lo esperaua, a bueltas de otras cosas dio a la
desdichada de mi tía vna cadena de oro. E como sea
de tal calidad aquel metal, que mientra más beuemos
dello más sed nos pone, con sacrílega [147] hambre,
quando se vido tan rica, alçose con su ganancia e no
quiso dar parte a Sempronio ni a Pármeno dello, lo
qual auía quedado entre ellos que partiessen lo que
Calisto diesse. Pues, como ellos viniessen cansados
vna mañana de acompañar a su amo toda la noche,
muy ayrados de no sé qué questiones que dizen que
auían auido, pidieron su parte a Celestina de la ca-
dena para remediarse. Ella púsose en negarles la
conuención e promesa e dezir que todo era suyo lo