La Celestina
La Celestina ganado e avn descubriendo otras cosillas de secretos,
que como dizen: riñen las comadres etc. Assí que
ellos muy enojados, por vna parte los aquexaua la
necessidad, que priua todo amor; por otra, el enojo
grande e cansancio que trayan, que acarrea altera-
ción; por otra, auían la fe quebrada de su mayor
esperança. No sabían qué hazer. Estuuieron gran
rato en palabras. Al fin, viéndola tan cobdiciosa, perseuerando en [148] su negar, echaron mano a sus
espadas e diéronle mill cuchilladas.
AREUSA.- ¡O desdichada de muger! ¡Y en esto
auía su vejez de fenescer! ¿E dellos, qué me dizes?
¿En qué pararon?
ELICIA.- Ellos, como ouieron hecho el delicto, por
huyr de la justicia, que acaso passaua por allí, salta-
ron de las ventanas e quasi muertos los prendieron e
sin más dilación los degollaron.
AREUSA.- ¡O mi Pármeno e mi amor! ¡Y quanto
dolor me pone su muerte! Pésame del grande amor
que con él tan poco tiempo auía puesto, pues no me
auía más de durar. Pero pues ya este mal recabdo es
hecho, pues ya esta desdicha es acaescida, pues ya no
se pueden por lágrimas comprar ni restaurar sus