La Celestina
La Celestina vidas, no te fatigues tú tanto, que cegarás llorando.
Que creo que poca ventaja me lleuas en sentimiento
y verás con quanta paciencia lo çuffro y passo.
ELICIA.- ¡Ay que rauio! ¡Ay mezquina, que salgo
de seso! ¡Ay, que no hallo quien lo sienta como yo!
No hay quien pierda lo que yo pierdo. ¡O quánto mejores y más honestas fueran mis [149] lágrimas
en passión ajena, que en la propia mÃa! ¿A donde
yré, que pierdo madre, manto y abrigo; pierdo amigo
y tal que nunca faltaua de mi marido? ¡O Celestina
sabia, honrrada y autorizada, quántas faltas me en-
cobrÃas con tu buen saber! Tú trabajauas, yo hol-
gaua; tú salÃas fuera, yo estaua encerrada; tú rota,
yo vestida; tú entrauas contino como abeja por casa,
yo destruya, que otra cosa no sabÃa hazer. ¡O bien y
gozo mundano, que mientra eres posseydo eres me-
nospreciado y jamás te consientes conocer hasta que
te perdemos! ¡O Calisto y Melibea, causadores de
tantas muertes! ¡Mal fin ayan vuestros amores, en
mal sabor se conuiertan vuestros dulces plazeres!
Tórnese lloro vuestra gloria, trabajo vuestro descan-
so. Las yeruas deleytosas, donde tomays los hurtados