La Celestina
La Celestina solazes, se conuiertan en culebras, los cantares se os
tornen lloro, los sombrosos árboles del huerto se
sequen con vuestra vista, sus flores olorosas se tor-
nen de negra color. [150]
AREUSA.- Calla, por Dios, hermana, pon silencio
a tus quexas, ataja tus lágrimas, limpia tus ojos,
torna sobre tu vida. Que quando vna puerta se cie-
rra, otra suele abrir la fortuna y este mal, avnque
duro, se soldará. E muchas cosas se pueden vengar
que es impossible remediar y esta tiene el remedio
dudoso e la vengança en la mano.
ELICIA .- ¿De quién se ha de auer enmienda, que
la muerta y los matadores me han acarreado esta
cuyta? No menos me fatiga la punición de los delin-
quentes, que el yerro cometido. ¿Qué mandas que
haga, que todo carga sobre mí? Pluguiera a Dios que
fuera yo con ellos e no quedara para llorar a todos. Y
de lo que más dolor siento es ver que por esso no
dexa aquel vil de poco sentimiento de ver y visitar
festejando cada noche a su estiércol de Melibea y ella
muy vfana en ver sangre vertida por su seruicio.
AREUSA .- Si esso es verdad ¿de quién mejor se
puede tomar vengança? De manera que quien lo