La Celestina
La Celestina jas e offrescimientos hasta que no le dexe en el cuer-
po de lo hecho e por hazer. Después a él e a su amo
haré reuessar el plazer comido. E tú, Elicia, alma
mía, no recibas pena. Passa a mi casa tu ropa e al-
hajas e vente a mi compañía, que estarás muy sola e la tristeza es amiga de la soledad. Con nueuo amor
oluidarás los viejos. Vn hijo que nasce restaura la
falta de tres finados: con nueuo sucessor se pierde la
alegre memoria e plazeres perdidos del passado. De
vn pan, que yo tenga, ternás tú la meytad. Más lás-
tima tengo de tu fatiga, que de los que te la ponen.
Verdad sea, que cierto duele más la pérdida de lo que
hombre tiene, que da plazer la esperança de otro tal,
avnque sea cierta. Pero ya lo hecho es sin remedio e
los muertos irrecuperables. E como dizen: mueran e
biuamos. A los biuos me dexa a cargo, que yo te les
daré tan amargo xarope a beuer, qual ellos a ti han
dado. ¡Ay prima, prima, como sé yo, quando me
ensaño, reboluer estas tramas, avnque [153] soy
moça! E de ál me vengue Dios, que de Calisto Cen-
turio me vengará.
ELICIA .- Cata que creo que, avnque llame el que