La Celestina
La Celestina mandas, no aurá effecto lo que quieres, porque la
pena de los que murieron por descobrir el secreto
porná silencio al biuo para guardarle. Lo que me
dizes de mi venida a tu casa te agradesco mucho. E
Dios te ampare e alegre en tus necessidades, que bien muestras el parentesco e hermandad no seruir de
viento, antes en las aduersidades aprouechar. Pero,
avnque lo quiera hazer, por gozar de tu dulce com-
pañía, no podrá ser por el daño que me vernía. La
causa no es necessario dezir, pites hablo con quien
me entiende. Que allí, hermana, soy conoscida, allí
estoy aparrochada. Jamás perderá aquella casa el
nombre de Celestina, que Dios aya. Siempre acuden
allí moças conoscidas e allegadas, medio parientas de
las que ella crió. Allí hazen sus conciertos, de donde
se me seguirá algún prouecho. E también essos pocos
amigos, que me quedan, no me saben otra morada.
Pues ya sabes quán duro es dexar lo vsado e [154]
que mudar costumbre es a par de muerte e piedra
mouediza que nunca moho la cobija. Allí quiero
estar, siquiera porque el alquile de la casa, que está
pagado por ogaño, no se vaya em balde. Assí que,