La Celestina

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avnque cada cosa no abastasse por sí, juntas aproue-

chan e ayudan. Ya me paresce que es hora de yrme.

De lo dicho me lleuo el cargo. Dios quede contigo,

que me voy.

[155]

Aucto décimo sesto

ARGUMENTO DEL DECIMOSESTO AUC-

TO

Pensando Pleberio e Alisa tener su hija Meli-

bea el don de la virginidad conseruado, lo qual,

según ha parescido, está en contrario, y están

razonando sobre el casamiento de Melibea; e en

tan gran quantidad le dan pena las palabras,

que de sus padres oye, que embía a Lucrecia

para que sea causa de su silencio en aquel pro-

pósito.

PLEBERIO, ALISA, LUCRECIA, MELIBEA.

PLEBERIO.- Alisa, amiga, el tiempo, según me

parece, se nos va, como dizen, entre las manos. Co-

rren los días como agua de río. No hay cosa tan lige-

ra para huyr como la vida. La muerte nos sigue e

rodea, de la qual somos vezinos e hazia su vandera

nos acostamos, según natura. [156] Esto vemos muy

claro, si miramos nuestros yguales, nuestros herma-

nos e parientes en derredor. Todos los come ya la

tierra, todos están en sus perpetuas moradas. E pues


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