La Celestina
La Celestina somos inciertos quándo auemos de ser llamados,
viendo tan ciertas señales, deuemos echar nuestras
baruas en remojo e aparejar nuestros fardeles para
andar este forçoso camino; no nos tome improuisos
ni de salto aquella cruel boz de la muerte. Ordene-
mos nuestras ánimas con tiempo, que más vale
preuenir que ser preuenidos. Demos nuestra hazien-
da a dulce sucessor, acompañemos nuestra vnica hija
con marido, qual nuestro estado requiere, porque
vamos descansados e sin dolor deste mundo. Lo qual
con mucha diligencia deuemos poner desde agora
por obra e lo que otras vezes auemos principiado en
este caso, agora aya execución. No quede por nuestra
negligencia nuestra hija en manos [157] de tutores,
pues parescerá ya mejor en su propia casa que en la nuestra. Quitarla hemos de lenguas de vulgo, porque ninguna virtut ay tan perfecta, que no tenga
vituperadores e maldizientes. No ay cosa con que
mejor se conserue la limpia fama en las vírgines, que
con temprano casamiento. ¿Quién rehuyría nuestro
parentesco en toda la ciudad? ¿Quién no se hallará
gozoso de tomar tal joya en su compañía? ¿En quien
caben las quatro principales cosas que en los casa-
mientos se demandan, conuiene a saber: lo primero
discrición, honestidad e virginidad: segundo, hermo-