La Celestina
La Celestina sura; lo terçero el alto origen e parientes; lo final,
riqueza? De todo esto la dotó natura. Qualquiera
cosa que nos pidan hallarán bien complida.
ALISA .- Dios la conserue, mi señor Pleberio, por-
que nuestros desseos veamos complidos en nuestra
vida. Que antes pienso que faltará ygual a nuestra
hija, según tu virtut e tu noble sangre, que no sobra-
rán muchos que la merezcan. Pero como esto sea
officio de los padres e muy ageno a las mugeres,
como tú lo ordenares, seré yo alegre, e nuestra hija
obedecerá, según su casto biuir e honesta, vida y
humildad.
LUCRECIA .- ¡Avn si bien lo supiesses, rebenta-
rÃas! ¡Ya!, ¡ya! ¡Perdido es lo mejor! ¡Mal año [158]
se os apareja a la vejez! Lo mejor Calisto lo lleua. No
ay quien ponga virgos, que ya es muerta Celestina.
Tarde acordays y más auÃades de madrugar. ¡Escu-
cha!, ¡escucha! señora Melibea.
MELIBEA .- ¿Qué hazes ay escondida, loca?
LUCRECIA .- Llégate aquÃ, señora, oyrás a tus
padres la priessa que traen por te casar.
MELIBEA .- Calla, por Dios, que te oyrán. Déxa-