La Celestina
La Celestina sas que sabe ella qué cosa sean hombres? ¿Si se ca-
san o qué es casar? ¿O que del ayuntamiento de
marido e muger se procreen los hijos? ¿Piensas que
su virginidad simple le acarrea torpe desseo de lo que
no conosce ni ha entendido jamás? ¿Piensas que
sabe errar avn con el pensamiento? No lo creas,
señor Pleberio, que si alto o baxo de sangre o feo o
gentil de gesto le mandaremos tomar, aquello será su
plazer, aquello aurá por bueno. Que yo sé bien lo que
tengo criado en mi guardada hija.
MELIBEA .- Lucrecia, Lucrecia, corre presto, en-
tra por el postigo en la sala y estóruales su hablar,
interrúmpeles sus alabanças con algún fingido men-
saje, si no quieres que vaya yo dando bozes como
loca, según estoy enojada del concepto engañoso, que
tienen de mi ignorancia.
LUCRECIA .- Ya voy, señora.
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Aucto décimo séptimo
ARGUMENTO DEL DÉCIMO SÉPTIMO
AUCTO
Elicia, caresciendo de la castimonia de Pené-