La Celestina
La Celestina que él hiziera por ti. Sempronio holgara, yo muerta;
pues ¿por qué, loca, me peno yo por él degollado? ¿E
qué sé si me matara a mí, conio era acelerado e loco,
como hizo a aquella vieja, que tenía yo por madre?
Quiero en todo seguir su consejo de Areusa, que
sabe más del mundo que yo e verla muchas vezes e
traer materia cómo biua. ¡O qué participación tan
suaue, qué conuersación tan gozosa e dulce! No en
balde se dize: que vale más vn día del [167] hombre
discreto, que toda la vida del nescio e simple. Quiero
pues deponer el luto, dexar tristeza, despedir las
lágrimas, que tan aparejadas han estado a salir. Pero
como sea el primer officio, que en nasciendo haze-
mos, llorar, no me marauilla ser más ligero de co-
mençar e de dexar más duro. Mas para esto es el
buen seso, viendo la pérdida al ojo, viendo que los
atauíos hazen la muger hermosa, avnque no lo sea,
tornan de vieja moça e a la moça más. No es otra
cosa la color e aluayalde, sino pegajosa liga en que se