La Celestina
La Celestina trauan los hombres. Ande pues mi espejo e alcohol, que tengo dañados estos ojos; anden mis tocas blancas, mis gorgueras labradas, mis ropas de plazer.
Quiero adereçar lexía para estos cabellos, que perdí-
an ya la ruuia color y, esto hecho, contaré mis galli-
nas, haré mi cama, porque la limpieza alegra el cora-
çón, barreré mi puerta e regaré la calle, porque los
que passaren vean que es ya desterrado el dolor. Mas
primero quiero yr a visitar mi prima, por preguntar-
le si ha ydo allá Sosia e lo que con él ha passado, que
no lo he visto después que le dixe cómo le querría
hablar Areusa. Quiera Dios que la halle sola, que
jamás está desacompañada de galanes, como buena
tauerna de borrachos. [168]
ELICIA .- Cerrada está la puerta. No deue estar
allá hombre. Quiero llamar. Tha, tha.
AREUSA .- ¿Quién es?
ELICIA .- Abre, amiga; Elicia soy.
AREUSA .- Entra, hermana mía. Véate Dios, que
tanto plazer me hazes en venir como vienes, mudado
el hábito de tristeza. Agora nos gozaremos juntas,