La Celestina
La Celestina agora te visitaré, vernos hemos en mi casa y en la tuya. Quiçá por bien fue para entrambas la muerte
de Celestina, que yo ya siento la mejoría más que
antes. Por esto se dize que los muertos abren los ojos
de los que biuen, a vnos con haziendas, a otros con
libertad, como a ti.
ELICIA .- A tu puerta llaman. Poco espacio nos
dan para hablar, que te querría preguntar si auía
venido acá Sosia.
AREUSA .- No ha venido; después hablaremos.
¡Qué porradas que dan! Quiero yr abrir, que o es
loco o priuado. [169] ¿Quién llama?
SOSIA .- Abreme, señora. Sosia soy, criado de Ca-
listo.
AREUSA .- Por los santos de Dios, el lobo es en la
conseja. Escóndete, hermana, tras esse paramento e
verás quál te lo paro lleno de viento de lisonjas, que
piense, quando se parta de mí, que es él e otro no. E
sacarle he lo suyo e lo ageno del buche con halagos,
como él saca el poluo con la almohaça a los cauallos.
AREUSA .- ¿Es mi Sosia, mi secreto amigo? ¿El