La Celestina
La Celestina AREUSA .- Ya me correría con tu razón, si algu-
no estuuiesse delante, en oyrte tanta burla como de
mí hazes; pero, como todos los hombres traygays
proueydas essas razones, essas engañosas alabanças,
tan comunes para todas, hechas de molde, no me
quiero de ti espantar. Pero hágote cierto, Sosia, que
no tienes dellas necessidad; sin que me alabes te amo
y sin que [171] me ganes de nueuo me tienes gana-
da. Para lo que te embié a rogar que me vieses, son
dos cosas, las quales, si más lisonja o engaño en ti
conozco, te dexaré de dezir, avnque sean de tu
prouecho.
SOSIA .- Señora mía, no quiera Dios que yo te
haga cautela. Muy seguro venía de la gran merced,
que me piensas hazer e hazes. No me sentía digno
para descalçarte. Guía tú mi lengua, responde por
mí a tus razones, que todo lo avré por rato e firme.
AREUSA .- Amor mío, ya sabes quánto quise a
Pármeno, e como dizen: quien bien quiere a Beltrán
a todas sus cosas ama. Todos sus amigos me agra-
dauan, el buen seruicio de su amo, como a él mismo,