La Celestina
La Celestina AREUSA .- Pues por mi vida, amor mío, porque
yo los acuse y tome en el lazo del falso testimonio me
dexes en la memoria los días que aueys concertado
de salir e, si yerran, estaré segura de tu secreto y
cierta de su leuantar. Porque no siendo su mensaje
verdadero, será tu persona segura de peligro e yo sin
sobresalto de tu vida. Pues tengo esperança de go-
zarme contigo largo tiempo.
SOSIA .- Señora, no alarguemos los testigos. Para
esta noche en dando el relox las doze está hecho el
concierto de su visitación por el huerto. Mañana
preguntarás lo que han sabido, de lo [174] qual, si
alguno te diere señas, que me tresquilen a mí a cru-
zes.
AREUSA .- ¿E por qué parte, alma mía, porque
mejor los pueda contradezir, si anduuieren errados
vacilando?
SOSIA .- Por la calle del vicario gordo, a las espal-
das de su casa.
ELICIA .- (Aparte. Escondida.) ¡Tiénente, don
handrajoso! ¡No es más menester! ¡Maldito sea el
que en manos de tal azemilero se confía! ¡Qué des-
goznarse haze el badajo!