La Celestina
La Celestina ángel te habla, a toda razón se allega; ¿qué más le
pides? Por mi vida que le hables e pierdas enojo,
pues tan de grado se te offresce con su persona.
CENTURIO .- ¿Offrescer dizes, señora? Yo te ju-
ro por el sancto martilogio de pe a pa, el braço me
tiembla de lo que por ella entiendo hazer, que conti-
no pienso cómo la tenga contenta e jamás acierto. La
noche passada soñaua que hazía armas en vn desafío
por su seruicio con quatro hombres, que ella bien
conosce, e maté al vno. E de los otros que huyeron el
que más sano se libró me dexó a los pies vn braço
yzquierdo. Pues muy mejor lo haré despierto de día,
quando alguno tocare en su chapín.
AREUSA .- Pues aquí te tengo, a tiempo somos.
Yo te perdono, con condición que me vengues [181]
de vn cauallero, que se llama Calisto, que nos ha
enojado a mí e a mi prima.
CENTURIO .- ¡O!, reñiego de la condición. Dime
luego si está confessado.
AREUSA .- No seas tú cura de su ánima.
CENTURIO .- Pues sea assí. Embiémosle a comer