La Celestina
La Celestina más traygo entre manos son espaldarazos sin sangre
o porradas de pomo de espada o reués mañoso; a
otros agujero como harnero a puñaladas, tajo largo,
estocada temerosa, tiro mortal. Algún día doy palos
por dexar holgar mi espada.
ELICIA .- No passe, por Dios, adelante; déle palos,
porque quede castigado e no muerto.
CENTURIO .- Juro por el cuerpo santo de la leta-
nía, no es más en mi braço derecho dar palos sin
matar, que en el sol dexar de dar bueltas al cielo.
AREUSA .- Hermana, no seamos nosotras lasti-
meras; haga lo que quisiere, mátele como se le anto-
jare. Llore Melibea como tú has hecho. Dexémosle.
Centurio, da buena cuenta de lo [184] encomendado.
De qualquier muerte holgarémos. Mira que no se
escape sin alguna paga de su yerro.
CENTURIO .- Perdónele Dios, si por pies no se
me va. Muy alegre quedo, señora mía, que se ha
ofrecido caso, avnque pequeño, en que conozcas lo
que yo sé hazer por tu amor.
AREUSA .- Pues Dios te dé buena manderecha e a
él te encomiendo, que nos vamos.
CENTURIO .- Él te guíe e te dé más paciencia con
los tuyos.
CENTURIO .- Allá yrán estas putas atestadas de
razones. Agora quiero pensar cómo me escusaré de
lo prometido, de manera que piensen que puse dili-