La Celestina
La Celestina vergüença de verla tan hermosa e arreada e a mí con
vna capa vieja ratonada. Echaua de sí en bulliendo
vn olor de almizque; yo hedía al estiercol, que
lleuaua dentro de los çapatos. Tenía vnas manos
como la nieue, que, quando las sacaua de rato en rato
de un guante, parecía que se derramaua azahar por
casa. Assí por esto, como porque tenía vn poco ella
quehacer, se quedó mi atreuer para otro día. E avn
porque a la primera vista todas las cosas no son bien
tratables e quanto más se comunican mejor se en-
tienden en su participación.
TRISTÁN .- Sosia amigo, otro seso más maduro y
esperimentado, que no el mío, era necessario para
darte consejo en este negocio; pero lo que con mi
tierna edad e mediano natural alcanço al presente te
diré. Esta muger es marcada ramera, según tú me
dixiste: quanto con ella te passó has de creer que no
caresce de engaño. [189] Sus offrecimientos fueron
falsos e no sé yo a qué fin. Porque amarte por gentil-
hombre ¿quántos más terná ella desechados? Si por
rico, bien sabe que no tienes más del poluo, que se te