La Celestina
La Celestina honestas burlas me dan plazer, tus deshonestas ma-
nos me fatigan, quando passan de la razón. Dexa
estar mis ropas en su [196] lugar e, si quieres ver si
es el hábito de encima de seda o de paño, ¿para qué
me tocas en la camisa? Pues cierto es de lienço. Hol-
guemos e burlemos de otros mill modos, que yo te
mostraré, no me destroces ni maltrates como sueles.
¿Qué prouecho te trae dañar mis vestiduras?
CALISTO .- Señora, el que quiere comer el aue,
quita primero las plumas.
LUCRECIA .- (Aparte.) Mala landre me mate, si
más los escucho. ¿Vida es esta? ¡Que me esté yo
deshaziendo de dentera y ella esquiuándose porque la
rueguen! Ya, ya apaziguado es el ruydo: no ouieron
menester despartidores. Pero también me lo haría yo,
si estos necios de sus criados me fablassen entre día;
pero esperan que los tengo de yr a buscar.
MELIBEA .- ¿Señor mío, quieres que mande a Lu-
crecia traer alguna colación?
CALISTO .- No ay otra colación para mí, sino te-
ner tu cuerpo e belleza en mi poder. Comer e beuer,