La Celestina
La Celestina coraçón, no lo fazen coraças e capaçete e couardía.
SOSIA .- ¿Avn tornays? Esperadme. Quiçá venís
por lana.
CALISTO .- Déxame, por Dios, señora, que puesta
está el escala.
MELIBEA .- ¡O desdichada yo!, e como vas tan
rezio e con tanta priessa e desarmado a meterte entre
quién no conosces? Lucrecia, ven presto acá, que es
ydo Calisto a vn ruydo. Echémosle sus coraças por la
pared, que se quedan acá.
TRISTÁN .- Tente, señor, no baxes, que ydos son;
que no era sino Traso el coxo e otros vellacos, que
passauan bozeando. Que ya se torna Sosia. Tente,
tente, señor, con las manos al escala.
CALISTO .- ¡O!, ¡válame Santa María! ¡Muerto
soy! ¡Confessión!
TRISTÁN .- Llégate presto, Sosia, que el triste de
nuestro amo es caydo del escala e no habla ni se bu-
lle. [199]
SOSIA .- ¡Señor, señor! ¡A essotra puerta! ¡Tan
muerto es como mi abuelo! ¡O gran desuentura!
LUCRECIA.- ¡Escucha, escucha!, ¡gran mal es
este!
MELIBEA.- ¿Qué es esto? ¿Qué oygo?, ¡amar-
ga de mí!