La Celestina
La Celestina TRISTÁN.- ¡O mi señor e mi bien muerto! ¡O
mi señor despeñado! ¡O triste muerte sin con-
fessión! Coge, Sosia, essos sesos de essos can-
tos, júntalos con la cabeça del desdichado amo
nuestro. ¡O día de aziago! ¡O arrebatado fin!
MELIBEA.- ¡O desconsolada de mí! ¿Qué es
esto? ¿Qué puede ser tan áspero acontecimiento
como oygo? Ayúdame a sobir, Lucrecia, por
estas paredes, veré mi dolor; si no, hundiré con
alaridos la casa de mi padre. ¡Mi bien e plazer,
[200] todo es ydo en humo! ¡Mi alegría es per-
dida! ¡Consumiose mi gloria!
LUCRECIA.- Tristán, ¿qué dizes, mi amor?,
¿qué es esso, que lloras tan sin mesura?
TRISTÁN.- ¡Lloro mi gran mal, lloro mis mu-
chos dolores! Cayó mi señor Calisto del escala e
es muerto. Su cabeça está en tres partes. Sin
confessión pereció. Díselo a la triste e nueua
amiga, que no espere más su penado amador.
Toma tú, Sosia, dessos pies. Lleuemos el cuerpo
de nuestro querido amo donde no padezca su
honrra detrimento, avnque sea muerto en este
lugar. Vaya con nosotros llanto, acompáñenos
soledad, síganos desconsuelo, visítenos tristeza,
cúbranos luto e dolorosa xerga.
MELIBEA.- ¡O la más de las tristes triste! ¡Tan
[201] tarde alcançado el plazer, tan presto veni-