La Celestina
La Celestina esto, hija mía? ¿Qué dolor e sentimiento es el
tuyo? ¿Qué nouedad es esta? ¿Qué poco esfuer-
ço es este? Mírame, que soy tu padre. Fabla
comigo, cuéntame la causa de tu arrebatada
pena. ¿Qué has? ¿Qué sientes? ¿Qué quieres?
Hablame, mírame, dime la razón de tu dolor,
porque presto sea remediado. No quieras em-
biarme con triste postrimería al sepulcro. Ya
sabes que no tengo otro bien, sino a ti. Abre
essos alegres ojos e mírame.
MELIBEA.- ¡Ay dolor!
PLEBERIO.- ¿Qué dolor puede ser, que ygua-
le con ver yo el tuyo? Tu madre está sin seso en
oyr tu mal. No pudo venir a verte de turbada.
Esfuerça tu fuerça, abiua tu coraçón, arréziate
de manera que puedas tú comigo yr a visitar a
ella. Dime, ánima mía, la causa de tu sentimien-
to.
MELIBEA.- ¡Pereció mi remedio! [205]
PLEBERIO.- Hija, mi bienamada e querida
del viejo padre, por Dios, no te ponga desespe-
ración el cruel tormento desta tu enfermedad e
passión, que a los flacos coraçones el dolor los
arguye. Si tú me cuentas tu mal, luego será re-
mediado. Que ni faltarán medicinas ni médicos
ni siruientes para buscar tu salud, agora consis-
ta en yeruas o en piedras o en palabras o esté