La Celestina
La Celestina sezuelos; el torno del rostro poco más luengo
que redondo; el pecho alto; la redondez e forma
de las pequeñas tetas, ¿quién te la podrÃa figu-
rar? ¡Que se despereza el hombre quando las
mira! La tez lisa, lustrosa; el cuero suyo escure-
ce la nieue; la color mezclada, qual ella la esco-
gió para sÃ.
SEMPRONIO.- ¡En sus treze está este necio!
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CALISTO.- Las manos pequeñas en mediana
manera, de dulce carne acompañadas; los de-
dos luengos; las vñas en ellos largas e colora-
das, que parescen rubÃes entre perlas. Aquella
proporción, que veer yo no pude, no sin duda
por el bulto de fuera juzgo incomparablemente
ser mejor, que la que Paris juzgó entre las tres
Deesas.
SEMPRONIO.- ¿Has dicho?
CALISTO.- Quan breuemente pude.
SEMPRONIO.- Puesto que sea todo esso ver-
dad, por ser tú hombre eres más digno.
CALISTO.- ¿En qué?
SEMPRONIO.- En que ella es imperfecta, por
el qual [57] defeto desea e apetece a ti e a otro
menor que tú. ¿No as leydo el filósofo, do dize:
Assà como la materia apetece a la forma, asà la
muger al varón?