La Celestina
La Celestina do dolor te dé más pena, todo junto sin pensar-
le, porque más presto vayas al sepulcro, porque
no llore yo solo la pérdida dolorida de entra-
mos, ves allà a la que tú pariste e yo engendré,
hecha pedaços. La causa supe della; más la he
sabido por estenso desta su triste siruienta.
Ayúdame a llorar nuestra llagada postremerÃa.
¡O gentes, que venÃs a mi dolor! ¡O amigos e
señores, ayudáme a sentir mi pena! ¡O mi hija e
mi bien todo! Crueldad serÃa que viua yo sobre
ti. Más dignos eran mis sesenta años, de la se-
pultura, [217] que tus veynte. Turbose la orden
del morir con la tristeza, que te aquexaua. ¡O
mis canas, salidas para auer pesar! Mejor goza-
ra de vosotras la tierra, que de aquellos ruuios
cabellos, que presentes veo. Fuertes dÃas me
sobran para viuir; ¿quexarme he de la muerte?
¿Incusarle he su dilación? Quanto tiempo me
dexare solo después de ti, fálteme la vida, pues
me faltó tu agradable compañÃa. ¡O muger mÃa!
Leuántate de sobre ella e, si alguna vida te
queda, gástala comigo en tristes gemidos, en
quebrantamiento e sospirar. E si por caso tu
espÃritu reposa con el suyo, si ya has dexado
esta vida de dolor, ¿por qué quesiste que lo
passe yo todo? En esto tenés ventaja las hem-