La Celestina

La Celestina

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cha.

¿Qué haré, quando entre en tu cámara e re-

traymiento e la halle sola? ¿Qué haré de que no

me respondas, si te llamo? ¿Quién me podrá

cobrir la gran falta, que tú me hazes? Ninguno

perdió lo que yo el día de oy, avnque algo con-

forme parescía la fuerte animosidad de Lambas

[224] de Auria, duque de los ginoveses, que a

su hijo herido con sus braços desde la nao echó

en la mar. Porque todas estas son muertes que,

si roban la vida, es forçado de complir con la

fama. Pero ¿quién forjó a mi hija a morir, sino la

fuerte fuerça de amor? Pues, mundo, halague-

ro, ¿qué remedio das a mi fatigada vegez?

¿Cómo me mandas quedar en ti, conosciendo

tus falacias, tus lazos, tus cadenas e redes, con

que pescas nuestras flacas voluntades? ¿A dó

me pones mi hija? ¿Quién acompañará mi des-

acompañada morada? ¿Quién terná en regalos

mis años, que caducan? ¡O amor, amor! ¡Que

no pensé que tenías [225] fuerça ni poder de

matar a tus subjectos! Herida fue de ti mi

juuentud, por medio de tus brasas passé: ¿cómo

me soltaste, para me dar la paga de la huyda en

mi vegez? Bien pensé que de tus lazos me auía

librado, quando los quarenta años toqué,


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