La Celestina
La Celestina quando fui contento con mi conjugal compañe-
ra, quando me vi con el fruto, que me cortaste
el día de oy. No pensé que tomauas en los hijos
la vengança de los padres. Ni sé si hieres con
hierro ni si quemas con fuego. Sana dexas la
ropa; lastimas el coraçón. Hazes que feo amen e
hermoso les parezca. ¿Quién te dio tanto po-
der? ¿Quién te puso nombre, que no te conuie-
ne? Si amor fuesses, amarías a tus siruientes. Si
los amasses, no les darías pena. Si alegres
viuiessen, no se matarían, como agora mi ama-
da hija. ¿En [226] qué pararon tus siruientes e
sus ministros? La falsa alcahueta Celestina mu-
rió a manos de los más fieles compañeros, que
ella para su seruicio enponçoñado, jamás halló.
Ellos murieron degollados. Calisto, despeñado.
Mi triste hija quiso tomar la misma muerte por
seguirle. Esto todo causas. Dulce nombre te
dieron; amargos hechos hazes. No das yguales
galardones. Iniqua es la ley, que a todos ygual
no es. Alegra tu sonido; entristece tu trato. Bie-
nauenturados los que no conociste o de los que
no te curaste. Dios te llamaron otros, no sé con
qué error de su sentido traydos. Cata que Dios
mata los que crió; tú matas los que te siguen.
Enemigo de toda razón, a los que menos te si-
ruen das mayores dones, hasta tenerlos metidos