La Celestina
La Celestina cierra la puerta. ¡Adiós paredes!
SEMPRONIO.- ¡O madre mÃa! Todas cosas
dexadas aparte, solamente sey atenta e ymagi-
na en lo que te dixere e no derrames tu pensa-
miento en muchas partes. Que quien junto en
diuersos lugares le pone, en ninguno le tiene; si
no por caso determina lo cierto. E quiero que
sepas de mà lo que no has oydo e es que jamás
pude, después que mi fe contigo puse, desear
bien de que no te cupiesse parte.
CELESTINA.- Parta Dios, hijo, de lo suyo
contigo, que no sin causa lo hará, siquiera por-
que has piedad desta pecadora de vieja. Pero
di, no te detengas. Que la amistad, que entre ti
e mà se affirma, no ha menester preámbulos ni
correlarios ni aparejos para ganar voluntad.
Abreuia [65] e ven al fecho, que vanamente se
dize por muchas palabras lo que por pocas se
puede entender.
SEMPRONIO.- Assà es. Calisto arde en amo-
res de Melibea. De ti e de mà tiene necessidad.
Pues juntos nos ha menester, juntos nos
aprouechemos. Que conoscer el tiempo e vsar
el hombre de la oportunidad hace los hombres
prósperos.
CELESTINA.- Bien has dicho, al cabo estoy.
Basta para mà mescer el ojo. Digo que me alegro