La Celestina
La Celestina destas nuevas, como los cirujanos de los desca-
labrados. E como aquellos dañan en los princi-
pios las llagas e encarecen el prometimiento de
la salud, assí entiendo yo facer a Calisto. Alar-
garle he la certenidad del remedio, porque, [66]
como dizen, el esperança luenga aflige el cora-
çón e, quanto él la perdiere, tanto gela promete.
¡Bien me entiendes!
SEMPRONIO.- Callemos, que a la puerta es-
tamos e, como dizen, las paredes han oydos.
CELESTINA.- Llama.
SEMPRONIO.- Tha, tha, tha.
CALISTO.- Pármeno.
PÁRMENO.- Señor.
CALISTO.- ¿No oyes, maldito sordo?
PÁRMENO.- ¿Qué es, señor?
CALISTO.- A la puerta llaman; corre. [67]
PÁRMENO.- ¿Quién es?
SEMPRONIO.- Abre a mí e a esta dueña.
PÁRMENO.- Señor, Sempronio e vna puta
vieja alcoholada dauan aquellas porradas.
CALISTO.- Calla, calla, maluado, que es mi
tía. Corre, corre, abre. Siempre lo vi, que por
huyr hombre de vn peligro, cae en otro mayor.
Por encubrir yo este fecho de Pármeno, a quien
amor o fidelidad o temor pusieran freno, cay en
indignación desta, que no tiene menor poderío