La Celestina
La Celestina en mi vida que Dios.
PÁRMENO.- ¿Por qué, señor, te matas? ¿Por
qué, señor, te congoxas? ¿E tú piensas que es
vituperio en las orejas desta el nombre que la
llamé? No lo creas; que assí se glorifica en le
oyr, como tú, quando dizen: ¡diestro cauallero
[68] es Calisto! E demás desto, es nombrada e
por tal título conocida. Si entre cient mugeres
va e alguno dize: ¡puta vieja!, sin ningún empa-
cho luego buelue la cabeça e responde con ale-
gre cara. En los conbites, en las fiestas, en las
bodas, en las cofadrías, en los mortuorios, en
todos los ayuntamientos de gentes, con ella
passan tiempo. Si passa por los perros, aquello
suena su ladrido; si está cerca las aues, otra
cosa no cantan; si cerca los ganados, balando lo
pregonan; si cerca las bestias, rebuznando di-
zen: ¡puta vieja! Las ranas de los charcos otra
cosa no suelen mentar. Si va entre los herreros,
aquello dizen sus martillos. Carpinteros e ar-
meros, herradores, caldereros, arcadores, todo
oficio de instrumento forma en el ayre su nom-
bre. Cántanla los carpinteros, péynanla los
peynadores, texedores. Labradores en las huer-
tas, [69] en las aradas, en las viñas, en las sega-
das con ella passan el afán cotidiano. Al perder
en los tableros, luego suenan sus loores. Todas