La Celestina
La Celestina cosas, que son hazen, a do quiera que ella está,
el tal nombre representan. ¡O qué comedor de
hueuos asados era su marido! ¿Qué quieres
más, sino, si vna piedra toca con otra, luego
suena ¡puta vieja!?
CALISTO.- E tú ¿cómo lo sabes y la conosces?
PÁRMENO.- Saberlo has. Días grandes son
passados que mi madre, muger pobre, moraua
en su vezindad, la qual rogada por esta Celesti-
na, me dio a ella por siruiente; avnque ella no
me conoçe, por lo poco que la seruí e por la
mudança, que la edad ha hecho.
CALISTO.- ¿De qué la seruías?
PÁRMENO.- Señor, yua a la plaça e trayale
de comer e acompañáuala; suplía en aquellos
menesteres, que mi tierna fuerça bastaua. Pero
de [70] aquel poco tiempo que la seruí, recogía
la nueua memoria lo que la vejez no ha podido
quitar. Tiene esta buena dueña al cabo de la
ciudad, allá cerca de las tenerías, en la cuesta
del río, vna casa apartada, medio cayda, poco
compuesta e menos abastada. Ella tenía seys
oficios, conuiene saber: labrandera, perfumera,
maestra de fazer afeytes e de fazer virgos, alca-
hueta e vn poquito hechizera. Era el primer
oficio cobertura de los otros, so color del qual