La Celestina
La Celestina muchas moças destas siruientes entrauan en su
casa a labrarse e a labrar camisas e gorgueras e
otras muchas cosas. Ninguna venía sin torrez-
no, trigo, harina o jarro de vino e de las otras
prouisiones, que podían a sus amas furtar. E
avn otros furtillos de más qualidad allí se encu-
brían. [71] Asaz era amiga de estudiantes e
despenseros e moços de abades. A estos vendía
ella aquella sangre innocente de las cuytadillas,
la qual ligeramente auenturauan en esfuerço de
la restitucion, que ella les prometía. Subió su
fecho a más: que por medio de aquellas comu-
nicaua con las más encerradas, hasta traer a
execución su propósito. E aquestas en tiempo
onesto, como estaciones, processiones de noche,
missas del gallo, missas del alua e otras secretas
deuociones. Muchas encubiertas vi entrar en su
casa. Tras ellas hombres descalços, contritos e
reboçados, desatacados, que entrauan allí a
llorar sus pecados. ¡Qué tráfagos, si piensas,
traya! Hazíase física de niños, tomaua estambre
de vnas casas, dáualo a filar en otras, por acha-
que de entrar en todas. Las vnas: ¡madre acá!;
las otras: ¡madre acullá!; ¡cata la vieja!; ¡ya viene
el ama!: de todos muy conocida. Con todos esos
afanes, nunca passaua sin missa ni bísperas ni