La Celestina
La Celestina e, por tanto, es mejor tener la potencia en el mal
que el acto.
CELESTINA.- ¡O maluado! ¡Cómo, que no se
te entiende! ¿Tú no sientes su enfermedad?
¿Qué has dicho hasta agora? ¿De qué te
quexas? Pues burla o di por verdad lo falso e
cree lo [98] que quisieres: que él es enfermo por
acto e el poder ser sano es en mano desta flaca
vieja
PÁRMENO.- ¡Mas, desta flaca puta vieja!
CELESTINA.- ¡Putos días biuas, vellaquillo!,
e ¡cómo te atreues...!
PÁRMENO.- ¡Como te conozco...!
CELESTINA.- ¿Quién eres tú?
PÁRMENO.- ¿Quién? Pármeno, hijo de Al-
berto tu compadre, que estuue contigo vn mes,
que te me dio mi madre, quando morauas a la
cuesta del río, cerca de las tenerías.
CELESTINA.- ¡Jesú, Jesú, Jesú! ¿E tú eres
Pármeno, hijo de la Claudina?
PÁRMENO.- ¡Alahé, yo!
CELESTINA.- ¡Pues fuego malo te queme,
que tan puta vieja era tu madre como yo! ¿Por
qué me persigues, Pármeno? ¡Él es, él es, por
los sanctos de Dios! Allégate a mí, ven acá, que
mill açotes e puñadas te di en este mundo e