La Celestina
La Celestina porque gelo prometà e con mi promessa lleuó
descanso e la fe es de guardar, más que a los
viuos, a los muertos, que no pueden hazer por
sÃ, en pesquisa e seguimiento tuyo yo he gasta-
do asaz tiempo e quantÃas, hasta agora, que ha
plazido aquel, que todos los cuydados tiene e
remedia las justas peticiones e las piadosas
obras endereça, que te hallase aquÃ, donde solos
ha tres dÃas que sé que moras. Sin duda dolor
he sentido, porque has por tantas partes vaga-
do, e peregrinado, que ni has hauido prouecho
ni ganado debdo ni amistad. Que, como Séneca
nos dize, los peregrinos tienen muchas posadas
e pocas amistades, porque en breue [101] tiem-
po con ninguno no pueden firmar amistad. E el
que está en muchos cabos, está en ninguno. Ni
puede aprouechar el manjar a los cuerpos, que
en comiendo se lança, ni ay cosa que más la
sanidad impida, que la diuersidad e mudança e
variación de los manjares. E nunca la llaga vie-
ne a cicatrizar, en la qual muchas melezinas se
tientan. Ni conualesce la planta, que muchas
veces es traspuesta. Ni ay cosa tan prouechosa,
que en llegando aproueche. Por tanto, mi hijo,
dexa los Ãmpetus de la juuentud e tórnate con la
doctrina de tus mayores a la razón. Reposa en
alguna parte. ¿E dónde mejor, que en mi volun-