La Celestina

La Celestina

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que dize el sabio: Al varón, que con dura ceruiz

al que le castiga menosprecia, arrebatado que-

brantamiento le verná e sanidad ninguna le

consiguirá. E assí, Pármeno, me despido de ti e

deste negocio.

PÁRMENO.- (Aparte). Ensañada está mi ma-

dre: duda tengo en su consejo. Yerro es no creer

e culpa creerlo todo. Mas humano es confiar,

mayormente en ésta que interesse promete, ado

prouecho nos puede allende de amor conse-

guir. Oydo he que deue hombre a sus mayores

creer. Esta ¿qué me aconseja? Paz con Sempro-

nio. La paz no se deue negar: que bienauentu-

rados [110] son los pacíficos, que fijos de Dios

serán llamados. Amor no se deue rehuyr. Cari-

dad a los hermanos, interesse pocos le apartan.

Pues quiérola complazer e oyr.

Madre, no se deue ensañar el maestro de la

ignorancia del discípulo, sino raras vezes por la

sciencia, que es de su natural comunicable e en

pocos lugares se podría infundir. Por eso per-

dóname, háblame, que no solo quiero oyrte e

creerte; mas en singular merced recibir tu con-

sejo. E no me lo agradescas, pues el loor e las

gracias de la ación, más al dante, que no al reci-

biente se deuen dar. Por esso, manda, que a tu


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