La Celestina
La Celestina mandado mi consentimiento se humilia.
CELESTINA.- De los hombres es errar e bes-
tial es la porfía. Por ende gózome, Pármeno,
que ayas limpiado las turbias telas de tus ojos e
respondido al reconoscimiento, discreción e
engenio sotil de tu padre, cuya persona, agora
representada en mi memoria, enternece los ojos
piadosos, por do tan abundantes lágrimas vees
derramar. Algunas vezes duros propósitos,
como tú, defendía; pero luego tornaua a lo cier-
to. En Dios e en mi ánima, que en veer agora lo
que has porfiado e cómo a la verdad eres redu-
zido, no paresce sino que viuo le tengo delante.
[111] ¡O qué persona! ¡O qué hartura! ¡O qué
cara tan venerable! Pero callemos, que se acerca
Calisto e tu nueuo amigo Sempronio con quien
tu conformidad para mas oportunidad dexo.
Que dos en vn coraçón viuiendo son mas pode-
rosos de hazer e de entender.
CALISTO.- Dubda traygo, madre, según mis
infortunios, de hallarte viua. Pero más es ma-
rauilla, según el deseo, de cómo llego viuo. Re-
cibe la dádiua pobre de aquel, que con ella la
vida te ofrece.
CELESTINA.- Como en el oro muy fino la-
brado por la mano del sotil artífice la obra so-
brepuja a la materia, así se auentaja a tu magní-