La Celestina
La Celestina Sabido eres, fiel te siento, por buen criado te
tengo. Faz de manera, que en solo verte ella a ti,
juzgue la pena, que a mí queda e fuego, que me
atormenta. Cuyo ardor me causó no poder
mostrarle la tercia parte desta mi secreta en-
fermedad, según tiene mi lengua e sentido
ocupados e consumidos. Tú, como hombre li-
bre de tal passión, hablarla has a rienda suelta.
SEMPRONIO.- Señor, querría yr por complir
tu mandado; querría quedar por aliuiar tu cuy-
dado. Tu temor me aquexa; tu soledad me de-
tiene. Quiero tomar consejo con la obediencia,
que es yr e dar priessa a la vieja. ¿Mas como
[116] yré? Que, en viéndote solo, dizes desuarí-
os de hombre sin seso, sospirando, gimiendo,
maltrobando, holgando con lo escuro, desean-
do soledad, buscando nueuos modos de pensa-
tiuo tormento. Donde, si perseueras, o de muer-
to o loco no podrás escapar, si siempre no te
acompaña quien te allegue plazeres, diga do-
nayres, tanga cançiones alegres, cante roman-
ces, cuente ystorias, pinte motes, finja cuentos,
juegue a naypes, arme mates, finalmente que
sepa buscar todo género de dulce passatiempo
para no dexar trasponer tu pensamiento en
aquellos crueles desuíos, que rescebiste de