La Celestina
La Celestina das tu libertad.
CALISTO.- Algo dize el necio; pero quiero
que sepas que, quando ay mucha distancia del
que ruega al rogado o por grauedad de obe-
diencia o por señorío de estado o esquiuidad de
género, como entre ésta mi señora e mí, es ne-
cessario intercessor o medianero, que suba de
mano en mano mi mensaje hasta los oydos de
aquella a quien yo segunda vez hablar tengo
por impossible. E pues que así es, dime si lo
fecho aprueuas. [121]
PÁRMENO.- ¡Apruéuelo el diablo!
CALISTO.- ¿Qué dizes?
PÁRMENO.- Digo, señor, que nunca yerro
vino desacompañado e que vn inconueniente es
causa e puerta de muchos.
CALISTO.- El dicho yo le aprueuo; el propó-
sito no entiendo.
PÁRMENO.- Señor, porque perderse el otro
día el neblí fue causa de tu entrada en la huerta
de Melibea a le buscar, la entrada causa de la
ver e hablar, la habla engendró amor, el amor
parió tu pena, la pena causará perder tu cuerpo
e alma e hazienda. E lo que más dello siento es
venir a manos de aquella trotaconuentos, des-
pués de tres vezes emplumada.
CALISTO.- ¡Assí, Pármeno, di más deso, que