La Celestina
La Celestina me agrada! Pues mejor me parece, quanto más
la desalabas. Cumpla comigo e emplúmenla la
quarta. Desentido eres, sin pena hablas: no te
duele donde a mí, Pármeno. [122]
PÁRMENO.- Señor, más quiero que ayrado
me reprehendas, porque te dó enojo, que arre-
pentido me condenes, porque no te di consejo,
pues perdiste el nombre de libre, quando cau-
tiuaste tu voluntad.
CALISTO.- ¡Palos querrá este vellaco! Di,
malcriado, ¿por qué dizes mal de lo que yo
adoro? E tú ¿qué sabes de honrra? Dime ¿qué
es amor? ¿En qué consiste buena criança, qué te
me vendes por discreto? ¿No sabes que el pri-
mer escalón de locura es creerse ser sciente? Si
tú sintiesses mi dolor, con otra agua rociarías
aquella ardiente llaga, que la cruel frecha de
Cupido me ha causado. Quanto remedio Sem-
pronio acarrea con sus pies, tanto apartas tú
con tu lengua, con tus vanas palabras. Fingién-
dote fiel, eres un terrón de lisonja, bote de mali-
cias, el mismo mesón e aposentamiento de la
embidia. Que por disfamar la vieja, a tuerto o a
derecho, pones en mis amores desconfiança.
Pues sabe que esta mi pena e flutuoso dolor no
se rige por razón, no quiere auisos, carece de