La Celestina
La Celestina ciación para sus personas e siruientes.
SEMPRONIO.- ¿Qué dizes de siruientes? ¿Pa-
resce por tu razón que nos puede venir a noso-
tros daño deste negocio e quemarnos con las
centellas que resultan deste fuego de Calisto?
¡Avn al diablo daría yo sus amores! Al primer
desconcierto, [129] que vea en este negocio, no
como más su pan. Más vale perder lo seruido,
que la vida por cobrallo. El tiempo me dirá que
faga. Que primero, que cayga del todo, dará
señal, como casa, que se acuesta. Si te pareçe,
madre, guardemos nuestras personas de peli-
gro. Fágase lo que se hiziere. Si la ouiere ogaño;
si no, a otro; si no, nunca. Que no ay cosa tan
dificile de çofrir en sus principios, que el tiem-
po no la ablande e faga comportable. Ninguna
llaga tanto se sintió, que por luengo tiempo no
afloxase su tormento ni plazer tan alegre fue,
que no le amengüe su antigüedad. El mal e el
bien, la prosperidad e aduersidad, la gloria e
pena, todo pierde con el tiempo la fuerça de su
acelerado principio. Pues los casos de admira-
ción e venidos con gran desseo, tan presto co-
mo passados, oluidados. Cada día vemos
nouedades e las oymos e las passarnos e dexa-
mos atrás. Diminúyelas el tiempo, házelas con-
tingibles. ¿Qué tanto te marauillarías, si dixe-