La Celestina
La Celestina del juez. Siquiera por los presentes, que lo vie-
ren; no digan que se gana holgando el salario. E
assí verná cada vno a él con su pleyto e a Celes-
tina con sus amores. [133]
SEMPRONIO.- Haz a tu voluntad, que no se-
rá éste el primer negocio, que has tomado a
cargo.
CELESTINA.- ¿El primero, hijo?, Pocas vírgi-
nes, a Dios gracias, has tú visto en esta cibdad,
que hayan abierto tienda a vender, de quien yo
no aya sido corredora de su primer hilado. En
nasciendo la mochacha, la hago escriuir en mi
registro, e esto para saber quantas se me salen
de la red. ¿Qué pensauas, Sempronio? ¿Auíame
de mantener del viento? ¿Heredé otra herencia?
¿Tengo otra casa o viña? ¿Conócesme otra
hazienda, más deste oficio? ¿De qué como e
beuo? ¿De qué visto e calço? En esta cibdad
nascida, en ella criada, manteniendo honrra,
como todo el mundo sabe ¿conoscida pues, no
soy? Quien no supíere mi nombre e mi casa
tenle por estranjero.
SEMPRONIO.- Dime, madre, ¿qué passaste
con mi compañero Pármeno, quando subí con
Calisto por el dinero?
CELESTINA.- Díxele el sueño e la soltura, e
cómo [134] ganaría más con nuestra compañía,